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Este era el destino que Alberto tenía en la agenda con el número 1, remarcado, subrayado y requete-estudiado; qué disgusto se llevó el pobre al ver que llovía a mares… y es que aquí llueve 300 días al año, según ponía en nuestra guía es el segundo lugar del mundo donde más llueve.

Pero Alberto estaba empeñado en que si nos quedábamos al día siguiente íbamos a tener sol (en todas las páginas de forecast daban lluvias…) y como lo ví tan decidido no se me ocurrió decirle lo contrario. Así que con estas, aprovechamos la tarde para dar una vuelta por los alrededores.

Fuimos a un sitio donde se pueden ver las famosas KEAS, el único loro de montaña del mundo… y el único pajarraco que se alimenta de las gomas de las puertas de los coches… lo cierto es que es un bicho bastante grande, curioso y apacible, de color entre marrón, verde y naranja, que sobrevive debido a su variada dieta (es decir, se come todo lo que pilla) y que habita en la isla sur de Nueva Zelanda, y de nuevo, es un animal en peligro de extinción. La curiosidad es que la denominación Kea es la misma tanto en singular como en plural.

Me enfadé un poco con el pájaro porque sin darme cuenta se había comido un buen cacho de la goma de la puerta del conductor (al pobre Michu no le hacían falta más goteras…) y había dejado brillante la baca… teníamos que venderlo en dos semanas y estas marcas no ayudaban nada. Con que se me ocurrió tirarle una piedrecita muy pequeña para que se bajara de Michu, y de repente otra vez ese acento tan spanish que conocíamos bien “is that a kea? are there more?”  “no te preocupes, que no se van” le dije mientras veía la cara de pasmado del señor: eran una pareja de vascos! la verdad que muy majos, al día siguiente hicimos el crucero juntos y muy agradables, aunque su caravana sí que era agradable! siempre ha habido clases… 🙂

Después, fuimos a hacer la mini track Milford Track, de una hora aproximadamente, que resultó ser realmente bonita. Es de alabar lo cuidado que tienen los kiwis su entorno natural, que integra perfectamente comodidad para los turistas y respeto al medio ambiente. Con la humedad de esta zona, os podéis imaginar la vegetación que hay en las cercanías… no es de extrañar que haya sido una de las localizaciones de la peli King Kong de Peter Jackson.

Algo que nos impresionó muchísimo cuando llegamos a las cercanías de Milford Sound, es que es un valle parapetado por infinitas paredes de piedra, y con lo que llovía, caían cascadas de agua por todas partes, parecía un mundo diferente a todo, un Pandora muy real.

Ya en el Loge, tocaba por fin lavadora, ducha, conexión al mundo y una sopita caliente, no hace falta decir lo bien que dormimos esa noche 🙂

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