Día 15: Wanaka, Puzzling World

Publicado: 27 de julio de 2012 en Uncategorized
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Tras la caminata nos fuimos a relajarnos al Puzzling World, un mundo de efectos ópticos, de trampantojos y de ilusiones ópticas. De postre, un laberinto!! yo desistí a la media hora, no encontraba ni la salida! qué agobio!! Al se quedó hasta terminar el juego: tenía que llegar a las cuatro torres que estaban en las esquinas del “castillo”, muy divertido!!!

Nos acostamos con el cielo encapotado y con un frío de mil demonios por lo que a la mañana siguiente la sorpresa no pudo ser mayor, cielo azul y limpio y una temperatura aceptable. Estábamos en Wanaka!!!

Como veréis en las fotos, es un paraje de excepcional belleza, lagos azules inmensos y montañas de puntas blancas por doquier.

Como no sabíamos muy bien qué hacer, nos acercamos a chiringuito del DOC, donde nos informaron perfectamente de la ruta que íbamos a recorrer: Rob Roy Track. 4 horitas de pateada atravesando parte del Parque Nacional Aspiring (el pico Aspiring es el 2º pico en altura de NZ, 3.035 m.).

En esta zona se encuentran las estaciones de Cardrona y Treblecone, de las más importantes del sur junto con sus vecinas de Queenstown.

Nos encaminamos con Michu hasta lo que parecía ser el fin del mundo, carretera sin asfaltar, campos de ciervos, vacas de 1 tonelada y tuvimos la suerte que las ovejas acababan de parir, porque la pista había estado cerrada por este acontecimiento, así evitan que las ovejas se estresen en este momento tan importante para la economía local.

Es este trayecto en coche aprendimos lo que era un ford… que no son sino hondonadas en mitad del camino por donde transcurrían lo que en NZ son agüeras que en España son ríos… el pobre Michu se inundó ligeramente! gracias a la doble tracción pudimos continuar donde muchos coches se quedaron… bien por Michu!!

La Rob Roy Track resultó ser de lo más entretenida, cascadas, puentes colgantes que daban bastante miedito, glaciares en retroceso y un bosque frondoso lleno de pajarillos de todos los colores. Caminata cómoda sin grandes desniveles, dos horas y pico de ida y 2 de vuelta. Los paisajes que acompañan en todo momento son espectaculares, y para variar solo encontramos soledad, solo nos cruzamos con un grupo de israelíes, que nos dieron un montón de frutos secos que nos vinieron la mar de bien (en NZ son muy caros), y un par de parejas más.

El final de la ruta no puede ser mejor, se llega a un glaciar enorme, blanco y azul, rodeado de cascadas y bosque espeso. Nos seguía sorprendiendo la luz, similar a la de Farewell Spit pero al estar rodeados de nieve todavía se hacía más clara, a Al le costo pillar la ISO de la cámara para hacer fotos decentes…

Lo cierto es que en esta región nos hubiéramos quedado una semana tranquilamente, hay muchas rutas que hacer y mucho que esquiar, desafortunadamente cuando llegamos las estaciones acababan de cerrar 😦 será que hay que volver… 🙂 🙂

AMAZING WANAKA!!!!!!!

288 km de carretera serpenteante separan el Glaciar de Franz Joseph y Wanaka.

Tengo que admitir que esta parte del viaje no la apreciamos como se merecía, ese día nos cayó una tormenta de las buenas, y solo pudimos salir del coche unos segundo para hacer algunas fotos y acabamos empapados. Una lástima porque esta ruta está marcada en todas las guías como muy recomendable y en otras está entre las 100 cosas preferidas por los kiwis… El desfiladero de Haast separa la Costa Oeste de la región de Wanaka.

El desfiladero es espectacular, un bosque pluvial muy frondoso que transcurre desde el pueblo costero de Haast, pasa por 2 grandes lagos de la región de Wanaka y finaliza en el propio pueblo de Wanaka.

La región de Haast es un destacado refugio natural donde habitan un gran número de aves. Lagos gigantes, bosques rojos de rimu, ciénagas, dunas, colonias de focas y pingüinos, a ves e impresionantes playas la acreditan como Patrimonio Mundial del Suroeste de NZ. Los aficionados a las aves aquí tienen parada obligatoria: halcones, kakas, kiwis, kererus, campaneras y lechuzas.

El desfiladero de Haast transcurre siguiendo el curso del río Haast, sube hasta el desfiladero y el Mt Aspiring National Park (nuestro destino del día siguiente).

La carretera debe el nombre al geólogo Julius Haast y fue inaugurada en 1965. Antes, esta ruta se recorría a pie por los buscadores de jade, que lo transportaban desde la Costa Oeste hasta la región de Otago. Desde la carretera se pueden ver impresionantes cascadas y se observa la salida de numerosas rutas de senderismo, lástima no haber contado con un mes más de vacaciones para poder hacer alguna de ellas…

La ruta se nos hizo larga, la visibilidad era penosa y estábamos cansados y algo tristes por no haber podido disfrutar de este enclave como se merecía…

A las 7 y media de la tarde llegábamos a Wanaka, donde nos “alojamos” en un camping del DOC: por $5 (creo, ahora no me acuerdo muy bien) teníamos derecho a dormir dentro del coche y a usar los baños, ni duchas ni agua caliente en el único lavabo que había a la intemperie, nos lavamos los dientes pensando que se nos iban a congelar! 😦

Lo que más nos impresionó cuando llegamos fue el frío tan exagerado que hacía… nos preocupamos mucho pensando que si el clima de los siguientes días iba a ser así lo íbamos a pasar un poco mal… cenamos algo rápido y nos metimos corriendo vestidos dentro de nuestros sacos de pumas (de -9 grados) y aún nos tapamos con un edredón, lo dicho, mucho frío, pero por lo menos había parado de llover.

Pasamos el rato viendo una película en el portátil y riéndonos de nuestros vecinos, que vivían en un autobús viejo de ventanas rotas, al más puro estilo de Into de Wild, solo les faltaba a Eddie Vedder de BSO 🙂

Nos fuimos a dormir muy pronto, el día siguiente en Wanaka prometía ser inolvidable, pero eso ya es otro post.

Después de casi todo el día conduciendo, decidimos que por fin tocaba dormir en cama y darnos una duchita, que desde de Picton no había sido posible. Además, cuando llegamos diluviaba, estaba cayendo una tormenta histórica, y ya se notaba que habíamos bajado unos 400 km desde Farewell Spit, porque hacía un “fresquito”…

Tras dormir 9 horas, “despiojarnos”, enchufarnos a internet unas horas y dos comidas como dios manda bajo techo, estábamos como nuevos. Michu no lo estaba tanto, le había caído encima algo de granizo y como 1000 metros cúbicos de agua… tenía el suelo de la parte de adelante empapada…

Bueno, nos encontrábamos ante un lugar de una belleza y de una grandiosidad como solo puede ser posible en Nueva Zelanda.

Los maoríes primitivos lo conocían como Ka Roimata o Hine Hukatere (“Lágrimas de la joven del alud”).  Según la leyenda, una joven perdió a su amante al caer desde uno de los picos, y su torrente de lágrimas se congeló formando el glaciar.

Fue explorado por primera vez por el austríaco Julius Haast en 1865, quien le dio el nombre de su emperador, Francisco José I de Austria.

Lo curioso de los glaciares de Franz Joseph y Fox es que se encuentran a muy baja altura y a unos 25 km de distancia del mar, condiciones tradicionalmente inapropiadas para que se genere un glaciar… pero en NZ todo es posible. En ningún otro lugar del planeta a esta altitud hay glaciares tan cerca del océnao.

El asombroso desarrollo de los glaciares se debe en gran medida a las incesante lluvia de la Costa Oste ( Efecto Föhn). La nieve caída en las amplias zonas de acumulación se fusiona con un hielo azul de 20 metros de espesor y se precipita por los valles. Los glaciares son muy poco empinados, por lo que el hielo recorre una larga trayectoria hasta que se derrite.

Lo que llama la atención de estos glaciares es la rápidez de su proceso de retroceso-crecimiento, el gran Franz suele avanzar 1 metro al día llegando a alcanzar los 5 metros de crecimiento, 10 veces más rápido que los glaciares alpinos suizos.

A ambos glaciares solo les separa 23 km, como no nos daba tiempo de visitar los 2, optamos por visitar el Franz Joseph, que tiene una acceso muy sencillo y prometía ser espectacular. Efectivamente, fue una experiencia grandiosa, ojalá se pudiera apreciar en las fotos…

Lo que puede parecer el sonido de una enorme nube de mosquitos, en verdad son decenas de helicópteros sobrevolando la zona. Los kiwis, como ya hemos comentado en algún otro post, son especialistas en exprimir cada recurso turístico, por ello, en la zona de los glaciares hay cantidad de compañías que ofrecen vuelos turísticos para bolsillos pudientes, no para unos backpackers como nosotros… 🙂

Luego, nos fuimos a comer nuestro sandwich de atún al lago Matheson, desde el que se apreciaba el glaciar Fox y el Aoraki, el pico más alto de New Zealand, alucinante. También alucinantes son las palomas de NZ que nos encontramos aquí, otro bicho autóctono que pesará fácilmente 800 gramos como veréis en la foto (http://es.wikipedia.org/wiki/Hemiphaga_novaeseelandiae).

Después de comer tocaba coger el coche otra vez, 120 km sin gasolina… Teníamos que dormir en Wanaka, pero eso ya es otro post.

Jade, nefrita, greenstone o pounamu. Para los maoríes, los montes de la Costa Oeste han sido una fuente tradicional de pounamou, piedra que aún domina las tiendas de artesanía de Hokitika. Pero hay que decir que algunas tiendas venden jade importado de Asia o Europa, ya que el nacional suele ser más caro de obtener.

Algunos aspectos relativos al jade. El jade es una forma de denominar indistintamente a la jadeíta y a la nefrita, dos minerales diferentes. En NZ los yacimientos son de nefrita.

La jadeíta es relativamente escasa, y por ello se considera más preciosa que la nefrita. Los principales yacimientos están en Birmania, Tibet, China Oriental y Guatemala.

La nefrita por su parte es más común y menos valiosa que la jadeíta, la nefrita se distingue porque su brillo es aceitoso y se astilla al fracturarse. Los principales yacimientos se encuentran en Alaska, Nueva Zelanda, Siberia , Turkestan y Guatemala. Se distingue de la jadeíta por su brillo aceitoso y porque se astilla al fracturarse.

La resistencia de jade es notable, como referencia, tiene más fuerza que el acero y fue usada por muchas civilizaciones para hacer hachas, cuchillos y otras armas, como es el caso de los maoríes. Por esta razón (y por supuesto por su increíble belleza) es una piedra venerada por los maoríes, que fabricaron con ella sus principales armas, como es el caso del “Patu”.

El  Patu es un tipo de maza corta, hay tres tipos de Patu: mere, meremere y kotiate. Todos los Patu tienen ancho el extremo con el que se golpea y cuentan con bordes afilados. También disponen de un agujero en el mango con una cuerda o una correa para sujetarlo a la muñeca.

También hicieron de pounamu los principales símbolos de su cultura:

  • Koru (espiral): deriva del crecimiento de la hola del helecho. Simboliza el nuevo comienzo y crecimiento.
  • Hei Matau (Fish Hook – anzuelo): significa fuerza, buena suerte, protección en viajes, especialmente en el agua. Símbolo principal de pescadores, surfistas…
  • Pikorua (entrelazado): símbolo de infinito flujo de energía entre los mundos espiritual y físico. También significa la unión de dos vidas para la eternidad.
  • Manaia: cabeza de pájaro, cuerpo de hombre y cola de pez, presenta la unión entre el mundo espiritual y físico después de la muerte. Protege contra el mal.
  • Hei Tiki: una talla tradicional con un gran valor espiritual. Guardian de la familia del portador. Suele ser usado por las mujeres.
  • Mere: significa fuerza y compromiso, superación de las dificultades de la vida.
  • Toki:  indica fuerza, control, determinación y trinfo.

De Farewell Spit alcanzamos a dormir a Murchison, un pueblo ganadero con aire remoto y muy popular entre los pescadores de trucha. Cerca hay unas estaciones de esquí de lo más peculiar, pero eso se merece un post aparte. El objetivo era llegar a ver los All Blacks mientras nos bebíamos una cerveza y disfrutábamos del ambiente del mundial de rugby con los locales, por cierto ganó NZ! el mundial se le ponía cada vez más a tiro a los All blacks!!

Aparcamos en el parking del pueblo, nos hicimos una cenita muy digna acompañada con lo que nos quedaba de la botella de vino blanco que compramos en Nelson y fuimos en busca de un lugar escondido para dormir en Mitchu. Había sido un día duro, dormimos a pata suelta.

Nos levantamos muy pronto porque teníamos 4 horas de viaje solo hasta Punakaiki. Cuando comenzamos los primeros kilómetros volvimos a quedarnos con la boca abierta, la carretera transcurría entre un bosque espeso en el que se mezclaban palmeras, pinos y mil especies de árboles diferentes y la Garganta de Buller, zona de aguas bravas, perfecta para rafting y kayak.

En la Garganta de Buller se encuetra el puente colgante más largo de Nueva Zelanda, además, río es oscuro e inquietante: helechos primitivos y drácenas se aferran a sus empinados precipicios y la alta hierba autóctona (toi toi) flanquea la carretera desde el desfiladero y el río.

A mitad de camino siguiendo siempre la SH6, hay unas vistas increíbles del litoral azotado sin tregua por el mar de Tasmania. Pero también hay que dejar bien lleno el depósito de gasolina, ya que en los siguientes 92 km no hay ni una gasolinera. Nos paramos a hacer un descanso en mitad de la nada y de repente nos encontramos que había pingüinos azules en esa playa!!

Punakaiki es un pequeño asentamiento junto al escarpado Paparoa National Park. El punto de interés son las Pancake Rocks y los respiraderos. Gracias a un proceso de formación de capas y erosión, la piedra caliza del Dolomite Point ha creado “rocas de pana”. Un cómodo paseo de 15 minutos permiten llegar hasta cerca de las rocas y de los respiraderos. Además, este es el único lugar del mundo donde anidan las extrañas fardelas de NZ, un ave marino endémico. Y de postre, unas vistas a las primeras cimas nevadas de los alpes, que se ven perfectamente desde la orilla del mar, todo un espectáculo.

El siguiente pueblo que visitamos fue Hokitika, famoso por sus yacimientos de jade. Como buenos turistas, visitamos las tiendas de jade que hay por todo el pueblo, y finalmente sucumbimos a su color verde, compramos pendientes, anillos y algún colgante… Y después nos fuimos a dar un paseo por su playa donde para nuestro asombro encontramos esta piedra preciosa por todas partes!!! aquí os dejamos unas fotos para que veáis que no es trola 🙂

Como se nos hacía tarde, nos montamos en Mitchu con un sandwich de atún unas TimTams de frambuesa, tocaba conducir hasta llegar al Glaciar Franz Joseph, pero eso ya es otro post.

Rumbo al sur por la Costa oeste!!

Publicado: 15 de junio de 2012 en Uncategorized
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Confinada entre el salvaje mar de Tasmania y las cimas de los Alpes Neozelandeses, la Costa Oeste no se parece a ningún otro lugar de Nueva Zelanda. La cordillera alpina la aparta del resto de la isla, haciendo de ella un paisaje distinto a todo, una gente y una forma de vivir propias y sobre todo una orografía y vegetación que deja sin aliento al visitante que la admira.

Los extremos opuestos de la costa tienen un aire a remoto final del trayecto. Al norte, la carretera del litoral está siempre azotada por las olas del furioso Tasman Sea, pueblecitos en los que se terminan las carretas, puertos inaccesibles, algún rebaño de ovejas y algún neozelandés solitario. Hacia el sur, la espectacular State Hwy 6 continua hasta Haast, una vía de acceso a la emoción y al asombro de los espacios naturales que la rodean.

El dato: con menos del 1% de la población del país diseminada en casi el 9% de su superficie, los lugareños se han adaptado hasta convertirse en una raza dura e independiente.

Las joyas de esta parte de Nueva Zelanda de norte a sur: Punakaiki, Hokitika, los glaciares Franz Josef y Fox y para finalizar el espectacular Desfiladero de Haast. Hay que señalar que en NZ la ruta a seguir la marca la riqueza de la naturaleza más que el atractivo de las zonas urbanas. Siguiendo esta idea, la Costa Oeste se convierte en lugar de sagrada peregrinación para turistas: piedras preciosas, cuevas, ríos salvajes, selva, Alpes, 2 glaciares, siempre el mar de Tasmania, desfiladeros y grandes  lagos. Y todo a lo largo de solo 400 km!

En el próximo post hablaremos de la emocionante visita a Punakaiki y Hokitika.

Fuente: Lonely Planet

Llevábamos más de 4 meses viendo a este pájaro por aquí y por allá, pero después de haber pasado por delante de decenas de ellos en Golden Bay, decidimos que definitivamente tendría un lugar en nuestra memoria, y aquí está un pequeño recuerdo para este pájaro neozelandés. Es un bicho muy gracioso y muy perezoso, si lo persigues se va corriendo (y a la vez graznando de una manera muy divertida) y solo cuando estás a escasos 2 metros se echa a volar, pero muy poco, tan poco que pensamos que solo volaba como las gallinas…

Este ostrero variable presenta una alta variabilidad en su plumaje, que va desde el ruano moteado hasta completamente negro. Las patas son rosadas, el largo pico rojo, y muestran un anillo anaranjado alrededor del ojo. Los machos son ligeramente más pequeños que las hembras.

Se encuentran generalmente en parejas en todas las costas de Nueva Zelanda, de donde son endémicos, pudiendo aparecer junto con otras especies similares. Se alimentan de moluscos, crustáceos y gusanos marinos.

Durante la reproducción, la pareja defiende su territorio pudiendo llegar a mostrar una cierta agresividad. Anidan en el suelo, entre rocas o en las dunas costeras. La puesta consta de dos o tres huevos que son incubados durante 25-32 días. Los pollos presentan un plumaje variegado que les permite camuflarse, hasta que puedan volar, a las seis semanas de vida, aproximadamente.

Fuente: http://herramientas.educa.madrid.org

Como habíamos madrugado bastante, a las 12 del mediodía ya habíamos recorrido las 4 horas de caminata por el apéndice de Farewell Spit. Teníamos en agenda visitar una playa vecina, así que decidimos ir a comer allá.

El acceso a la remota y desolada Wharariki Beach transcurre por 6 km sin asfaltar, y luego un paseo de 20 minutos andando. Es una agreste introducción a la Costa Oeste, con importantes formaciones de dunas, islotes de roca, frente a la costa y una colonia de lobos marinos en el extremo este (que los vimos tanto a lo largo del camino desde los acantilados como en la propia playa!) Aunque el día era magnífico y se nos pasó por la cabeza bañarnos, cuando vimos que las olas que llegaban a la playa iban en todas las direcciones a la vez indicando la fuerte resaca que había, decidimos comernos nuestro veinteavo sandwich de atún sentaditos en la playa, observando la maravilla de lugar que teníamos ante nosotros.

Nos sorprendió encontrarnos con algo de humanidad, nada menos que una familia de 4 personas! de las pocas personas que habíamos visto en dos días.

Ojalá se pudiera observar en las fotografías la claridad de la luz en este lugar, el día era tan luminoso que a pesar de llevar gafas de sol se nos achinaban los ojos !

La anécdota amable fue el encuentro con una cría de foca que mientras dormitaba nadaba en círculos y se dejaba fotografiar.

Y la anécdota intrépida la puso Al intentado hacer una foto a un lobo marino a 5 metros…

Por recomendación de nuestros queridos amigos checos, Martina y Tomas, que ya habían recorrido NZ el año anterior y que habían caído aquí de manera fortuita (no es un lugar comercial, no hay ni turistas ni kiwis, la verdad es que no hay nadie…), y dada la pasión con la que nos hablaron de este lugar, decimos pasar por aquí.  Es una zona que queda un poco a desmano de la ruta “popular”, tuvimos que salirnos un poco del camino y hacer un alto aquí. Teníamos unas expectativas muy grandes y realmente nuestra experiencia las superó con creces. Fué el lugar más especial del viaje. 

Farewell Spit queda en el extremo noroeste de la isla sur, tan al norte que está por encima de la altura de Wellington, que es lo más al sur de la isla norte… para aclararos este lío os dejo una foto del mapa.

Farewell Spit significa “lengua del adiós” más o menos. Por partes. Lengua porque es un apéndice de 35 km de largo por 2 de ancho (os invito a que busquéis fotos porque es espectacular). Los 35 km de playa presentan unas dunas colosales en forma de medialuna, con vistas panorámicas que cubren toda la Golden Bay y una enorme salina.

Y “adiós” o “despedida” porque es el lugar donde mueren muchos animales marinos grandes, como ballenas, peces luna, tiburones

¿Por qué mueren aquí estos animales? hay dos razones. La primera porque es un lugar donde las mareas tienen un movimiento impresionante, la playa aquí sube y baja 6 km! entonces los pobres bichos grandes a menudo se quedan barados cuando la marea baja. Por otro lado, después de ver el Mar de Tasman en toda su grandeza y las tormentas tan grandes que aquí se dan, comprendes perfectamente que los animales no vean nada bajo el mar y que se desorienten

La segunda razón, es porque se dice que es el lugar donde van a morir voluntariamente las ballenas. Y cuando estás en este lugar realmente entiendes porqué hacen esto. Es la paz absoluta.

Bueno, abrimos el ojo a las 7 de la mañana, un poco asustados porque habíamos dormido en un lugar “muy prohibido”, pero por un lado no encontramos alojamientos baratos, y por otro, cuando encontramos un sitio escondido donde aparcar a Mitchu nos frieron unos mosquitos gigantes, por lo que huimos despavoridos a la misma playa donde empezaba nuestra ruta.

Total, que desayunamos un montón (más tostadas de nocilla y más café de bote) y de las ganas que teníamos de ver el lugar nos pusimos en marcha casi al amanecer. De los 35 km solo están abiertos al público 4, si se quiere ver los demás hay que contratar guía…  Es un camino circular, empezamos por la orilla este, cruzamos por un mar de dunas, y volvimos por la oeste. La mayor parte del recorrido es propiedad privada, pertenece a una granja al más puro estilo hobbiton, que afortunadamente deja pasar turistas.

Como bien dice el dicho “a quien madruga dios le ayuda”, cuando llegamos a la orilla la marea estaba baja, por lo que pudimos ver numerosos restos de esqueletos. Veréis en las fotos que aparecen costillas y vertebras de gran tamaño. Y en la imagen que se ve raspa de pescado, en verdad medía por los men0s 3 metros.

El lado este, al hacer bahía, estaba muy tranquilo. Lo que no nos esperábamos era la parte de dunas, que nos pareció espectacular. Era como estar en la luna, pero en bonito. Arena gris finísima y nadie, no nos encontramos con un alma en todo el día.

La parte oeste, la que queda expuesta al Mar de Tasman, nos dejó planchados. La naturaleza en su máxima expresión. Un mar salvaje, una playa infinita, huesos de ballena, algunos pájaros, y solo nosotros. La luz era tan clara que aún con gafas de sol se nos achinaban los ojos.

Una sensación que no había tenido nunca… ¿libertad?

Farewell Spit, de aspecto extraño e inhóspito, es un humedal de importancia internacional y una famosa reserva ornitológica a la que acuden en verano miles de zancudas migratorias, en particular la aguja (que llega volando desde la tundra ártica), la pagaza piquirroja y el alcatraz australiano. Pero esto ya es otro post.