Archivos para mayo, 2012

Por recomendación de nuestros queridos amigos checos, Martina y Tomas, que ya habían recorrido NZ el año anterior y que habían caído aquí de manera fortuita (no es un lugar comercial, no hay ni turistas ni kiwis, la verdad es que no hay nadie…), y dada la pasión con la que nos hablaron de este lugar, decimos pasar por aquí.  Es una zona que queda un poco a desmano de la ruta “popular”, tuvimos que salirnos un poco del camino y hacer un alto aquí. Teníamos unas expectativas muy grandes y realmente nuestra experiencia las superó con creces. Fué el lugar más especial del viaje. 

Farewell Spit queda en el extremo noroeste de la isla sur, tan al norte que está por encima de la altura de Wellington, que es lo más al sur de la isla norte… para aclararos este lío os dejo una foto del mapa.

Farewell Spit significa “lengua del adiós” más o menos. Por partes. Lengua porque es un apéndice de 35 km de largo por 2 de ancho (os invito a que busquéis fotos porque es espectacular). Los 35 km de playa presentan unas dunas colosales en forma de medialuna, con vistas panorámicas que cubren toda la Golden Bay y una enorme salina.

Y “adiós” o “despedida” porque es el lugar donde mueren muchos animales marinos grandes, como ballenas, peces luna, tiburones

¿Por qué mueren aquí estos animales? hay dos razones. La primera porque es un lugar donde las mareas tienen un movimiento impresionante, la playa aquí sube y baja 6 km! entonces los pobres bichos grandes a menudo se quedan barados cuando la marea baja. Por otro lado, después de ver el Mar de Tasman en toda su grandeza y las tormentas tan grandes que aquí se dan, comprendes perfectamente que los animales no vean nada bajo el mar y que se desorienten

La segunda razón, es porque se dice que es el lugar donde van a morir voluntariamente las ballenas. Y cuando estás en este lugar realmente entiendes porqué hacen esto. Es la paz absoluta.

Bueno, abrimos el ojo a las 7 de la mañana, un poco asustados porque habíamos dormido en un lugar “muy prohibido”, pero por un lado no encontramos alojamientos baratos, y por otro, cuando encontramos un sitio escondido donde aparcar a Mitchu nos frieron unos mosquitos gigantes, por lo que huimos despavoridos a la misma playa donde empezaba nuestra ruta.

Total, que desayunamos un montón (más tostadas de nocilla y más café de bote) y de las ganas que teníamos de ver el lugar nos pusimos en marcha casi al amanecer. De los 35 km solo están abiertos al público 4, si se quiere ver los demás hay que contratar guía…  Es un camino circular, empezamos por la orilla este, cruzamos por un mar de dunas, y volvimos por la oeste. La mayor parte del recorrido es propiedad privada, pertenece a una granja al más puro estilo hobbiton, que afortunadamente deja pasar turistas.

Como bien dice el dicho “a quien madruga dios le ayuda”, cuando llegamos a la orilla la marea estaba baja, por lo que pudimos ver numerosos restos de esqueletos. Veréis en las fotos que aparecen costillas y vertebras de gran tamaño. Y en la imagen que se ve raspa de pescado, en verdad medía por los men0s 3 metros.

El lado este, al hacer bahía, estaba muy tranquilo. Lo que no nos esperábamos era la parte de dunas, que nos pareció espectacular. Era como estar en la luna, pero en bonito. Arena gris finísima y nadie, no nos encontramos con un alma en todo el día.

La parte oeste, la que queda expuesta al Mar de Tasman, nos dejó planchados. La naturaleza en su máxima expresión. Un mar salvaje, una playa infinita, huesos de ballena, algunos pájaros, y solo nosotros. La luz era tan clara que aún con gafas de sol se nos achinaban los ojos.

Una sensación que no había tenido nunca… ¿libertad?

Farewell Spit, de aspecto extraño e inhóspito, es un humedal de importancia internacional y una famosa reserva ornitológica a la que acuden en verano miles de zancudas migratorias, en particular la aguja (que llega volando desde la tundra ártica), la pagaza piquirroja y el alcatraz australiano. Pero esto ya es otro post.

Para mí, uno de los días más espectaculares del viaje: mar, océano, montañas, bosque selvático, llanuras… y de repente, Farewell Spit.

Cierto es que estuvimos encantados con la excursión, pero como buenos domingueros algo nos tenía que ocurrir… y es que por un lado se nos olvidó coger una esterilla para dormir (aunque dormimos la mar de bien, el espíritu backpacker se empezaba a apoderar de nosotros!) y por otro no cogimos comida suficiente. En realidad contábamos con una lata de espaguetis precocinados para la comida, pero estaba tan asquerosa que era imposible tragarse eso… nos salvó una barrita que encontré en la mochila que llevaba para esquiar…

No puedo dejar de contaros que esta excursión ha sido de lo mejor del viaje, y lo que más nos ha sorprendido ha sido la arena de este lugar, con un color anaranjado brillante, y finísima… playas kilométricas vacías escoltadas por un bosque espeso, un mar tranquilo y azul, naturaleza en todo su esplendor.

Una vez llegamos a tierra firme, solo pensábamos en recuperar fuerzas. Así que una vez más consultamos la Lonely y curiosamente aparecía el pequeño pueblo en el que nos encotrábamos: Takaka. Y casualidades de la vida era el mejor sitio donde se podía comer. Aparecimos en un restaurante ecológico cuya especialidad eran las pizzas y las tartas caseras… madre mía cómo nos pusimos de comer! además del hambre que teníamos la alegría era doble porque llevábamos 15 días comiendo sandwiches de atún… aquello fué maravilloso. Encima nos atendió una chica que me recordó mucho a una amiga de National Park, no había pasado una semana desde que me despedí de ella y ya la echaba de menos. Mi querida Martina y mi querido Tomás, os llevaré siempre en el corazón. El restaurante se llama: Dangerous Kitchen (canción de Frank Zappa)

Después de la merendola y con los estómagos contentos, pudimos contemplar la maravilla de lugar en el que nos encontrábamos. Takaka es la frontera entre el parque nacional de Abel Tasman y Golden Bay, donde se situaba nuestro siguiente destino. Takaka se encuentra en un valle, en mitad de una llanura que llega hasta el infinito. El paisaje no era tan salvaje como el de Abel Tasman, había bosque pero se veía más accesible, además, los pastos han invadido la zona, dando lugar a praderas verde clorofila y ganado por doquier.

La comunidad local de artistas bohemios y tipos barbudos y con rastas conviven en armonioso equilibrio con los rudos granjeros y pescadores.

Continuamos hacia nuestro destino. Una vez dejamos atrás la llanura aparecimos en una carretera costera, y de repente nos dimos cuenta sin saberlo que estábamos llegando a Farewell Spit. El km de arena mojada de la playa indicaba que las mareas en este sitio eran bestiales. La nada. Arena y mar.

Buscamos un sitio apartado para Mitchu y nos fuimos a dormir pronto, había sido un día agotador físicamente y mentalmente.

El siguiente post prometo que os gustará mucho, por lo menos para nosotros fue un día mágico, pero eso ya es otro post.