Día 8. Ferry Welly – Picton

Publicado: 29 de marzo de 2012 en Uncategorized
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Último día en la isla norte, último día en la ventosa Welly. La emoción de llegar por fin a la isla sur era grandísima, no sabíamos qué nuevas aventuras nos depararía esta parte de Nueva Zelanda, totalmente desconocida para nosotros. No sabíamos dónde íbamos a dormir, qué íbamos a visitar, ni nada de nada… menos mal que teníamos a Michu, la Lonely Planet y 3 horas en barco por delante para decidirlo. Una cosa teníamos sí clara, necesitábamos una ducha y poner una lavadora…

Las últimas horas en Wellington las pasamos en su mayoría en una biblioteca pública, magnífico edificio en mitad del centro financiero del país. La primera planta, como no podía ser de otra manera, la ocupaba un bonito café lleno de pasteles y sándwiches. Aprovechamos el wi-fi para ver si encontrábamos algún comprador para Michu…

Cuando llegamos al puerto nos tocó esperar un par de horas, el barco salía con retraso. Estábamos nerviosos, ya que la travesía Welly-Picton es de las más turísticas del país, cabía la posibilidad de ver cetáceos, albatros y además finaliza una vez atravesado el fiordo de Picton, uno de los más visitados del país.

Desafortunadamente hubo una densa niebla durante la mitad del trayecto, así que no vimos cetáceos ni pájaros. Pero el fiordo de Picton resultó ser espectacular, un entramado de islas e islotes que dejaban a duras penas camino a nuestro Interislander. Aquí pudimos ver delfines, granjas de peces, gente haciendo todo tipo de deportes acuáticos, y villas en mitad de acantilados, rodeadas de bosque impenetrable: sus habitantes sólo podían acceder mediante transporte acuático. Un espectáculo de la naturaleza, para variar.

Picton es pequeño pueblo de pescadores convertido en “turístico” desde hacía poco, ya que es el principal puerto de destino de los ferrys de la isla norte junto con Nelson. El pueblo en sí es un poco feo pero los alrededores son de postal. Desde casi todo el pueblo podías ver parte del fiordo así como las montañas que lo rodean. La vegetación ya se veía diferente, más verde, más salvaje.

Tuvimos mucha suerte con el hostal que encontramos, era muy curioso, lleno de colorines, muy cuidado, muy limpio, y además nos dieron una habitación enorme para los dos y un desayuno riquísimo a la mañana siguiente gratis! a veces se agradecía cambiar la Nutella y el café de botella por una buena tostada de mantequilla y mermelada y un té recién hecho.

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comentarios
  1. josé luis dice:

    desde luego es fantñastico seguiremos viendolo, bien por reanudarlo

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